AhĂ, lejos, descubrĂ que los colores de mi tierra no me habĂan soltado. Los textiles, los bordados, los sĂmbolos mayas —todo eso volviĂł. Y me pidiĂł que lo pintara.
Es esa parte que me hizo mirar mi paĂs desde lejos, y volver a Ă©l con otros ojos. Desde entonces, mi obra intenta eso: traducir la memoria sin explicarla. Trabajo con acrĂlico, Ăłleo y collage. Pinto sĂmbolos que cargan generaciones.
Pinto mujeres sin retratarlas. Pinto herencia femenina sin decirlo. Pinto como quien borda, como quien recuerda. Trabajo despacio. No porque me falte tiempo, sino porque cada pincelada necesita respirar. Pinto por capas, como se bordan las historias en los huipiles. Pinto con Ăłleo y con gratitud. Porque cada gesto que dejo en el lienzo es tambiĂ©n un homenaje: a las manos que tejen, a los sĂmbolos que se transmiten sin decir palabra, a los colores que cargan siglos de herencia viva.
A veces los mezclo para recordar. A veces para no olvidar. Mi obra no es una respuesta. Es una conversación abierta entre lo que fui, lo que soy y lo que sigo descubriendo. Firmo por detrás, como quien borda en silencio, sin necesidad de ser vista. Y si alguna pieza de esa conversación llega a alguien —o a algún lugar que la entienda—,quiero que no solo vean lo que pinté, sino todo lo que tuve que dejar atrás para poder hacerlo.
La memoria
no es pasado
Creo en el arte como una forma de memoria.
No como recuerdo, sino como presencia viva. Mi trabajo nace del cruce entre lo heredado y lo elegido, entre lo que me fue dado y lo que decidĂ sostener.
Pinto para preservar. Pinto para traducir. Pinto para no olvidar lo que me habita aunque ya no esté a la vista.
Trabajo con tĂ©cnicas mixtas —óleo, acrĂlico, collage— porque ninguna sola alcanza. Trabajo por capas, porque asĂ tambiĂ©n se transmite lo ancestral: con tiempo, con cuidado, con silencio.
No ilustro. No explico. Mis obras no buscan decir lo que ya fue dicho, sino abrir espacio para lo que aĂşn merece ser visto.
Pinto desde lo femenino sin necesidad de nombrarlo. Desde lo maya, no como etiqueta, sino como gesto vivo. Cada obra es una conversaciĂłn entre lo que traigo y lo que estoy aprendiendo a dejar. No firmo para imponerme. Firmo para honrar.
Porque hay memorias que no piden permiso. Solo resisten.